En las 3 revistas vertimos opiniones personales -y textos e imágenes de autores afines tomados de la red- desde la crítica del arte y el periodismo cultural, sobre la creación artística, las instituciones culturales y la diversidad de públicos. "El arte no es un conjunto de reglas, sino una sucesión de caprichos"(Rubén Darío). Para agrandar imágenes, da clik sobre la imagen, o doble clik para agrandar aún más. Otro para regresar al tamaño inicial. FERNANDO ANDRADE CANCINO
a fondo: semanario electrónico.
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martes, 6 de septiembre de 2016
jueves, 1 de septiembre de 2016
MI NUEVO LIBRO: "KULTURA Y KAOS"
KULTURA Y KAOS
Este libro es una amalgama de textos
diversos: crónicas, memorias, historia,
crítica y ensayos sobre el devenir del arte y la cultura en Durango, publicados
en diversos medios a lo largo de los últimos veinte años. Incluye algunas
semblanzas de creadores durangueños notables, y exabruptos personales ante el
caos que aquí y allá hemos vivido como amantes del arte y la cultura animi (cultivar el alma).
En varios ensayos parafraseo, cito o
gloso, sin mencionar mis fuentes, autores como Harnold Hausser o Mario de
Micheli, y pocos más, (a muchos que cito sí los menciono) que leí y leo una y otra vez: para preparar las clases de
Historia y Teoría del Arte y del Diseño que impartí durante 25 años
(EDINBA-UAD-CCAC); para trabajos de mi maestría en Historia del Arte (UNAM); y
para preparar algunas conferencias y seminarios (INBA-UJED). Los he leído una y
otra vez y citado en mis clases y conferencias hasta impregnarlos en mi
memoria. La hipótesis de que “el arte vive del arte” es aplicable a la
literatura; poesía, ensayos, crítica del arte, etc. No podría saber lo que se ha vivido en ésta
tierra más allá de los últimos setenta años, de no ser por mis lecturas, por
los libros de autores que vivieron hace ochenta o dos mil años.
Una ola de acontecimientos, complejos y
casuales, de eventos relacionados con el arte y la cultura en Durango, y con el
gusto por las bellas artes y las humanidades, con la alta cultura, más que con
el conjunto de saberes, creencias y pautas de conducta de nuestra
sociedad, me llevó a titular este libro
KULTURA y KAOS: Kultur es cultura, en alemán, y Khaos es caos, en griego; me
permití entonces dos pequeñas licencias literarias para nombrar el libro.
Como se leerá, el eventual caos
institucional que a veces se ha dado en nuestro estado ha tenido que ver con una
ola de acontecimientos que alteraron o modificaron nuestra vida cultural y
artística: cualquier fenómeno del universo, por insignificante que sea, tiene
el potencial de desencadenar una ola de acontecimientos que alteran el sistema
completo.
sábado, 23 de abril de 2016
ARTE Y DESPOTISMO
CULTURA: ARTE Y DESPOTISMO
Fernando
Andrade Cancino
He
experimentado en diversas ocasiones, junto algunos colegas, el desdén y
prepotencia de diversas autoridades burocráticas de instituciones culturales,
salvo honrosas excepciones. Me ha
tocado ver desfilar, desde 1977 en el INBA, donde trabajé 20 años, hasta 2010
-en el Conaculta, el ICED y el IMAC, donde también fui parte de la burocracia
durante 6 años en dos períodos de tiempo- un sinnúmero de funcionarios de éstas
instituciones, particularmente en Conaculta, que pasan de una dependencia
oficial a otra como peces en el agua, aún y cuando su experiencia en educación
artística, producción, promoción y difusión cultural, mantenimiento,
restauración y conservación de monumentos, sitios y obras de arte haya sido
nula o casi. Mujeres y hombres que se
desenvuelven muy bien en las altas esferas del poder, en las grandes
inauguraciones de exposiciones internacionales celebradas en el extranjero, o
en los monumentales recintos sagrados del arte de la capital del país. Los he
visto codearse con presidentes y damas de la alta burguesía, con grandes
coleccionistas y grandes millonarios, algo que sinceramente me ha hecho
sentirme apabullado e inferior debido a que muchas veces no he tenido zapatos
que no sean tenis, para asistir a tan espléndidos eventos, donde los creadores
seguimos siendo vistos como un mal necesario a fin de justificar sus trabajos y
onerosos sueldos.
He visto y convivido también a lo largo de mi vida con creadores
pobres, con humildes estudiantes de arte,
con maestros de educación artística que se autodenominan “pobresores” y
con arqueólogos, restauradores, tramoyistas, escenógrafos, diseñadores,
músicos, balilarines, actores, etc. a los que no les va codearse con las élites
culturales, ni con los picudos que dirigen las instituciones para el arte y la
cultura, ni entienden que su trabajo es usufructuado por otros, y sólo se
preocupan de crear y trabajar sin tener siquiera la esperanza de recibir algún
día reconocimiento a su labor, sino sólo su modesto salario.
He vivido en un Durango injusto con sus artistas, ese que espera a
que pasen cincuenta años desde su muerte para entonces hacerle algún homenaje
demagógico, ese que esperó a que los propios creadores nos organizáramos y
autofinanciáramos para crear la primer Casa de la Cultura local, ese que
descuidó y llevó al anquilosamiento una Escuela de Pintura, Escultura y
Artesanías que algún día obtuvo grandes reconocimientos, ese que invitó a un
gran creador para donar su obra en un museo que llevara su nombre, Guillermo
Ceniceros, para luego desmontar la mitad de esas obras dejando -hace tiempo- su museo en una
casa rentada y sus creaciones casi en el olvido, ese que reparte migaja entre
los artistas para que se pelen entre ellos por esos supuestos apoyos, ese que
ha cooptado voluntades artísticas y sustituido el público por aduladores
profesionales, ese que ha mandado al desarraigo a sus más importantes
creadores, ese donde el trabajo de los creadores es requerido para justificar el trabajo falaz y
despótico de una camarilla de pillos, de
burócratas inútiles, que convierten a veces la cultura federal, estatal y
municipal, en una ficción de pesadilla.
He soñado en la guerrilla cultural, en que los creadores tomen las
riendas de las instituciones de cultura, en el trabajo colectivo y la
autogestión, en la derrama de recursos para crear nuevos públicos, nuevos
lectores, nuevos estetas, nuevos monumentos y obras de arte urbanas, nuevos
teatros -sin dejarlos abandonados como el Teatro del Niño, que le costó tanto a Conaculta- y escuelas de educación artística profesional, nuevos museos y
galerías, nuevos creadores que entiendan las nuevas funciones del arte. He soñado que los recursos se dedican para
incrementar la calidad y cantidad de la producción artística, he soñado que la
nómina burocrática desaparece o se reduce a un mínimo y esos recursos enormes
se destinan para becas a estudiantes humildes, para financiar la producción,
distribución y consumo del arte y la cultura, he soñado en instituciones de
puertas abiertas, democráticas y populares, en audioramas y conchas acústicas
funcionando, en parques donde los creadores exhiban sus propuestas, en
adquisiciones de obras destacadas por parte del estado para formar colecciones
que habiten en nuevos museos, en conciertos sinfónicos al aire libre, en
bienales, en concursos estatales no manipulados por camarillas que imponen cronistas, directores, secretarios, y sus turbios intereses.
Pero me he encontrado con la insensibilidad y la incultura, con la
nula apreciación de las artes de parte de gobernantes y de algunos burócratas
de la cultura, con el despotismo y la inacción, con la simulación y la
corrupción, con la falta de democracia, con el autoritarismo y la
cooptación.
No veo más salida, después de tantos años, que el silencio, que el
dejar que las cosas caigan por su propio peso y esperar a que algún día los
creadores se rebelen y tomen lo que por derecho les corresponde, los espacios
que el pueblo ha creado para el arte y la cultura, y arrojen de una vez para
siempre a funcionarios que deberían no sólo ser cesados, sino guillotinados por
su actitud de criminales ilustrados.
Me da más o menos lo mismo si el INBA, CONACULTA. el INAH, etc.
siguen existiendo o desaparecen fusionándose en un una Secretaría de Cultura. No apoyo ninguno de los que se candidatean
para dirigir las nuevas o las viejas instituciones, y no me interesa decirle a
nadie en el futuro que yo lo apoye para llegar a tal o cual puesto. En el INBA fui “pobresor” explotado durante
20 años, en la SECYD de Durango durante dos como prestador de servicios
profesionales de un museo, se me trató con displicencia, de modo que también me
da lo mismo si el ICED vuelve a ser –como en el período de De la Riva- una
institución inútil, y el lugar del actual director ocupado por otro
burócrata de la cultura.
Lo que no me da lo mismo es que los creadores sigan actuando como
priístas, metiéndose zancadilla uno a otro para ganar la carrera hacia puestos
burocráticos, para obtener subsidios migajas, para pasar a formar parte de los
favorecidos sexenales, porque eso va en detrimento de la creación
artística. No me da lo mismo que se
otorguen becas a los hijos, amigos e incondicionales, o a los dóciles que luego
explotan con trabajos extraordinarios, no me da lo mismo que los artistas sean
mansos, sumisos, y a veces rastreros al
tratar de obtener beneficios personales. Tampoco me da lo mismo que los recursos de todo
un pueblo se dilapiden en emplear a familiares, a compadres y amantes, y que se
usen en contra del arte y la cultura verdadera y sólo sean instrumento de
control y poder.
No tengo más propuestas que las que he señalado en mis artículos,
en mis libros (Kultura y Kaos), en mis conferencias, en mis clases, y si estas han caído en el
vacío no me importa, yo seguiré insistiendo en lo mismo, como insistí hace 25
años en: transformar el internado Juana Villalobos en un espacio cultural;
crear más Casas de la Cultura, sembrar palmeras; en invitar como antes a Ceniceros, a otros artistas a donar obras para nuestros museos, y que éstas se exhiban permanentemente en lugar de tenerlas siempre embodegadas; en colocar esculturas
monumentales de nuestros artistas en las
vialidades de la ciudad; en fomentar la crítica y la autocrítica entre los
creadores; en formar colecciones de arte de artistas locales; en repatriar las
obras de Zárraga; en no perder las esperanzas en que el próximo gobierno estatal logre sacar a flote lo mejor de nuestro arte y cultura; en proponer la disminución de las nóminas de
intermediarios entre los creadores y sus públicos; en dedicarnos a la creación
alejados de grillas, de eventos protocolarios de funcionarios que se autopromocionan, fomentando la organización de la sociedad
civil y de la iniciativa privada, tan pobre en estos lares, o, finalmente, como
propuse también en algún texto, en
abandonar todo intento de trascender, trabajar en silencio y no esperar
a que después de cincuenta años de muertos se nos haga algún homenaje
demagogico.ico.
viernes, 10 de julio de 2015
El Crítico como Artista/ El Artista como Crítico (Breve ensayo de Fernando Andrade C.
EL
CRÍTICO COMO ARTISTA /
EL ARTISTA COMO CRÍTICO
EL ARTISTA COMO CRÍTICO
Fernando Andrade Cancino
“No existe en el
mundo real nada tan bello como las fantasías
que alberga quien ha
perdido la cordura”,
escribió Haruhi Murakami en
De
qué hablo cuando hablo de correr.
Para
Óscar Wilde –de quien glosaremos
extensamente su ensayo El Crítico como
Artista- el poeta no es sólo el vidente
que ve menos con los ojos del cuerpo
que con los del alma, sino un cantor genuino
que se repite a sí mismo una y otra vez cada
verso, hasta adueñarse del secreto de su melodía.
extensamente su ensayo El Crítico como
Artista- el poeta no es sólo el vidente
que ve menos con los ojos del cuerpo
que con los del alma, sino un cantor genuino
que se repite a sí mismo una y otra vez cada
verso, hasta adueñarse del secreto de su melodía.
Todos
tenemos las mismas dolencias de los poetas, y estos nos prestan su melancolía.
No hay pasión que no puedan sentir, ni placer que no sean capaces de gozar; en
sus manos está nuestra libertad y el momento de nuestra iniciación.
Así
como la naturaleza es la materia luchando por convertirse en espíritu, así el
Arte es el espíritu expresándose bajo la forma de la materia, de ahí que aun en
la más baja de sus manifestaciones, hable a la vez a los sentidos y al alma.
El
fin del arte es crear un estado del alma, y hacer –y rehacer- al mundo.
Vivimos
hoy en una época de superatareados e infrainstruidos, en que la gente trabaja
tanto, que acaba volviéndose -o acaban volviéndola- ignorante. El modo más
seguro de no saber nada de la vida es el de ser útil, trabajando como esclavo.
Sí,
la forma objetiva es la más subjetiva. El hombre es menos él cuando habla como
su propia persona, pero con una máscara dice la verdad.
El
crítico es un artista como los que ahora llamamos creadores, cuyas obras a
veces no tienen otro valor que suministrarle a éste, al artista, nuevas
modalidades de pensamiento, o sentimientos, que originan mundos alternos y/o
alterados de expresión, y bellezas distintas y más perfectas.
Cada
modalidad crítica es, en su más alto desenvolvimiento, un estado del alma que
cambia o rehace al mundo. Pero en cuanto se ha encontrado la expresión adecuada
de un estado del alma, parece que ésta debiera dejar de existir para siempre.
Ayer
fue el Realismo lo que nos sedujo, luego vino el Impresionismo, el Fauvismo, el
Cubismo, Surrealismo, Pop Art, Hiperrealismo, etcétera. Obtuvimos de éstos,
nuevos estremecimientos que fueron su objeto a producir; los analizamos, los
explicamos, los vivimos, y… nos cansamos de ellos.
Las
antiguas modalidades de creación persisten sin embargo, lo vemos tanto en esta
ciudad como en todo el mundo. Los artistas se reproducen a sí mismos -o unos a
otros- con tediosa reiteración. Pero la crítica busca y promueve siempre el movimiento
y la continua evolución.
Naturalmente,
cada arte tiene su gramática y sus materiales. No hay misterio alguno ni en uno
ni en otro. Pero, en tanto que las leyes sobre las que descansa el arte, pueden
ser fijas y ciertas, para alcanzar su verdadera realización estas tienen que
romperse, o ser elevadas por la imaginación a tal punto de belleza, que parezca
algo excepcional.
La
técnica en realidad no es otra cosa que la personalidad. Esta es la razón por
la que el artista no puede enseñarla, ni el discípulo aprenderla, y de que, en
cambio, el crítico del arte pueda comprenderla. Para el poeta sólo hay una
música verbal: la suya. Para el pintor, sólo hay un modo de pintar: el que él
emplea. Pero el crítico aprecia todas las formas y modalidades.
Los
temas al alcance de la creación cada día son más limitados en variedad y
extensión. Si la literatura creadora quiere perdurar, no tendrá más remedio que
hacerse más crítica de lo que es en la actualidad.
Los
antiguos caminos y las carreteras de antaño han sido demasiado frecuentadas. Su
encanto ha desaparecido bajo las pisadas de tantos, perdiendo ese elemento de
novedad y sorpresa que tan esencial es en la ficción. El que quiera actualmente
conmovernos, tendrá que darnos un telón de fondo absolutamente nuevo para
revelarnos el alma del hombre en sus más recónditos engranajes e intimidades.
Los
tiempos cambian, y como ha sucedido desde la prehistoria, los nuevos
descubrimientos –aun viniendo de estados alterados de la conciencia- abren más
las puertas de la percepción al infinito-eterno del espacio-tiempo.
Hay palabras para tocarnos el
corazón y el alma con un exceso de sentimientos. Nos hacen entrar en contacto
con nuestra humanidad y nuestra empatía. También hay versos que están
hechos para tocar nuestra mente y poner a trabajar nuestros engranajes
mentales, para despertar y expandir nuestra conciencia. Son los que tienen que ver con nuevas
preguntas, sobre las que pocos reflexionan, pero que nos interrogan a todos, marcan nuestro despertar, y nos empujan a ver
la vida y nuestra existencia de una manera diferente.
La
estética está por encima de la ética. Pertenece a una esfera más espiritual.
Discernir
la belleza de una cosa es el punto más alto al que podemos llegar. Hay belleza
en el drama, en la tragedia, en la comedia… El mismo sentido del color, del
tono, es más importante para el perfeccionamiento del individuo que el sentido
del bien y del mal. La ética, como la selección natural, hace la vida posible.
La estética, como la diversidad sexual, cultural, de costumbres y tradiciones,
de tecnologías y medios, hace la vida amable y maravillosa, llenándola de
formas nuevas y dándole progreso, variedad y mudanza.
Cuando
alcanzamos la verdadera cultura logramos esa perfección que los santos soñaron,
la de aquellos para los cuales el pecado es imposible, no porque pronunciaran
los votos de renunciación del asceta, sino porque pueden hacer cuanto se les
antoje, sin herir el alma, para rehacer el mundo.
El
alma es capaz de transformar en elementos de una experiencia más rica aquellos
actos y pasiones que en el vulgo serían vulgares, innobles en el ignorante y
viles en el impúdico. ¿Es esto peligroso? Sí, es peligroso; todas las ideas son
peligrosas. Todo arte es inmoral y todo pensamiento peligroso.
La
crítica es a veces más creadora que la creación, revela en la obra de arte lo
que el artista no percibió poner en ella: también es injusta, insincera y nada
razonable, valora al arte como mentira: los antiguos historiadores nos dieron
deliciosas ficciones en forma de hechos; muchos novelistas modernos nos ofrecen
los hechos más insípidos a guisa de ficción. La mentira en la poesía es arte: el
cuento de cosas bellas e inexactas, es el fin propio del Arte.
El
crítico es un soñador cuyo castigo, y premio, es ver la aurora –luego de pasar
la noche en vela- antes que el resto del mundo.
lunes, 18 de mayo de 2015
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